miércoles, 9 de enero de 2013

"Percibíamos el fútbol como un desafío a los nazis"

El fútbol es un fenómeno de masas, incluso para los nazis en su época fue muy popular. Una investigación histórica reciente en Alemania ha demostrado que en los campos de concentración se jugaba al fútbol. Para los reclusos suponía una distracción, pero también una amenaza. Los nazis no lo hicieron con otra intención que no fuera en beneficio de sus propios intereses.
 Es fácil imaginar hoy a Milos Dobry con una camiseta de fútbol: alto y con ojos claros, su figura juvenil se vislumbra de alguna manera a sus 90 años, como si estuviera enfrente de la portería. Su andar se torna lento, se inclina un poco hacía atrás cuando habla, pero sus descripciones y sus argumentos los realiza con un gran énfasis, como si todavía estuviera luchando por la supervivencia en los campos de concentración.
 "No lo percibíamos como un juego, sino como un desafío a los nazis, en contra de las SS", dijo Dobry al recordar su supervivencia del Holocausto.
  El se describe como un atleta que tenía que sobrevivir, porque el deporte le había dado la fuerza. Habla de los torneos de fútbol en Theresienstadt y de partidos ocasionales en Auschwitz. Las descripciones de Dobry son inquietantes: no encajan en la cabeza de nadie que en los campos de exterminio se jugara al fútbol. De hecho, el deporte es algo que relacionamos con todo lo contrario: salud, vitalidad, ocio. Pero el deporte se practicaba en casi todos los campos de concentración nazis, es un dato contrastado. En un principio sirvió como humillación y como método de castigo. Era un medio para agotar hasta la extenuación a muchos prisioneros. Horas y horas corriendo y saltando. Descripciones sobre ello se pueden encontrar en muchas fuentes. Incluso Thomas Geve, que sobrevivió siendo un adolescente a Auschwitz, a Gross-Rosen y a Buchenwald, y que actualmente reside en Israel, recuerda este manera de "hacer deporte". "Tuvimos que hacer deportes de manera criminal. Como no había ejercicios especiales, nos teníamos que tirar todo el día rodando por el suelo, saltando y corriendo. Sucedía muy a menudo".
Que el deporte fuera utilizado como un método violento y de castigo, no me sorprende, en una segunda mirada. Encaja en el orden militar que trataron de aplicar los alemanes en los campos de concentración. Sin embargo, la violencia a través del deporte es una forma particularmente insidiosa de tortura. Los prisioneros fueron torturados porque eran obligados a no parar hasta el agotamiento físico extremo. Los guardias eran capaces de incentivar la violencia sin necesidad de ningún contacto físico. Ellos ordenaban a los prisioneros que se torturasen a ellos mismos.
Pero además de como método de tortura, el deporte estaba en casi todos lados y se organizaron algunos eventos deportivos: boxeo, gimnasia y, particularmente, fútbol. Es un tema controvertido de tratar porque se ha hablado muy poco sobre ello. Los supervivientes de los campos de concentración tenían miedo a que sus historias sobre fútbol y deporte dieran una visión distorsionada de todo el sufrimiento que pasaron. Los historiadores también han considerado el tema difícil de tratar. Aun cuando se publicó, recientemente, el libro "El fútbol bajo la esvástica", se omite el fútbol en los últimos siete años de dictadura nazi de manera deliberada.
 Las primeras fuentes que nos indican que se practicaban deportes en los campos de concentración vienen de bastante lejos. El periodista Eugen Kogon lo recoge en un libro publicado en 1946 bajo el nombre del "El estado y las SS, el sistema del campo de concentración alemán", que sigue siendo la obra de referencia de los crímenes nazis. Kogon, que estuvo preso en Buchenwald, recuerda cuando a los prisioneros se les dio permiso para jugar al fútbol: "Las SS lo veían como una especie de baremo para separar los presos en buen estado del resto. Había varios equipos, inicialmente, aunque un equipo judio fue prohibido más tarde".
Las descripciones de Kogon nos muestran, principalmente, una cosa; jugar al fútbol en un campo de concentración era algo especial, relacionado en su fuero interno con la propaganda nazi. Un ejemplo de ello es la película de propaganda que los nazis estaban produciendo en 1944 en el campo de concentración de Theresienstadt. La película fue titulada "El lider de los judios en la ciudad" y en ella, querían hacer ver que los judios recluidos en Theresienstadt llevaban una vida normal, en la que no les faltaba de nada. En la película se observan diversas actuaciones musicales y de ópera para los niños, también se ve como se disputa un partido de fútbol. La copia de la película original desapareció después de la guerra y sólo algunas partes lograron ser preservadas, incluyendo la última escena donde se observa como se disputa el partido. En la película también se explica como existía una liga propia de fútbol, donde se regulaban los equipos con siete jugadores cada uno, y los partidos en tiempos de 35 minutos cada uno.
Fotografía en la que aparecen jugadores irlandeses, ingleses y escoceses, presos en Auschwitz
Se llegó, incluso, a crear una comisión de arbitraje que entrenaba a los árbitros de los campos de concentración. Los partidos se disputaban contra los policías del ghetto (en realidad otros presos que hacían el trabajo sucio a los nazis y contaban con algo más de manga ancha) o en función del origen de los prisioneros, como por ejemplo, un Praga-Viena.
 A partir de 1942 la situación cambió. La movilización de clase trabajadora alemana hacía las líneas de frente hizo que su fuerza de trabajo fuera sustituida por la explotación en los campos de concentración. El trabajo duro fue lo más valorado por los nazis a partir de ahí para alimentar a su industria de defensa. Como incentivo, se permitía seguir jugando al fútbol, tras agotadoras jornadas de "trabajo" a aquellos que más habían "producido".
 En aquel mismo año, a Heinrich Himmler, jefazo de las SS, se le ocurrió realizar un sistema de primas a los presos, con el objetivo de aumentar su moral para seguir explotándolos en post de seguir desarrollando su industria militar. Parte de ese plan consistía en jugar al fútbol. Se jugaron partidos en Buchenwald, en Sachsenshausen, en Mauthausen, y también en Auschwitz, justo al lado del crematorio. Dobry recuerda que "en Auschwitz el suministro de comida era tan malo que era casi imposible hacer deporte. Todo el mundo tenía hambre".
 No todos los presos podían jugar al fútbol. Muchos equipos ya preparados fueron prohibidos. ¿A quien se le permitía jugar y a quien no? Eran las SS de cada campo las que decidían en última instancia. Por lo general, los jóvenes, bien formados fisicamente y que encajaran con el rol masculino que los nazis tenían como concepto tenían ese "favor" concedido. El historiador Springmann denominó este sistema como el de "la gracia y el poder". Es decir, detrás de ese sistema se encontraba el principio fundamental del Divide et impera, o sea, divide y conquista. El fútbol era para los nazis, entonces, también era una buena manera de ordenar una comunidad de presos dividiéndolos, sólo un grupo pequeño podía participar de los partidos, con el recelo del resto.
 Este "favor", sin embargo, a veces se volvía en contra de los "privilegiados". Hubo muchas ocasiones en las que se les obligaba a jugar, aunque estuvieran exhaustos, sólo para diversión de los guardias.
Para algunos prisioneros jugar al fútbol en los campos de concentración significaba simplemente la supervivencia. Conocida es la historia de Ignaz Feldmann, quien fue identificado en su campo de Auschwitz por un sargento de las SS con el cual, casualmente, había jugado antes de la guerra en la liga austriaca. Esa circunstancia fue la que salvó la vida de Feldmann.
 Otros no tuvieron tanta suerte, como Julius Hirsch. Antes de la puta locura de los nazis fue internacional con Alemania en siete ocasiones. Era un futbolista con talento que en 1933 fue expulsado de su club, el Karlsruher, por su origen judio. Fue gaseado, presumiblemente, en 1943 pero su fecha de fallecimiento oficial no fue certificada hasta el 8 de Mayo de 1945.
 Para muchos prisioneros aquellos partidos fueron un bálsamo, bien fuera como jugadores que como espectadores. Por un lado, los prisioneros fueron capaces de establecer lazos de solidaridad y contacto unos con otros. Por otro lado, el fútbol no dejaba de ser un deporte y practicándolo podían fortalecer su cuerpo y, en ocasiones, su propia mente.
 Finalizo el artículo con un escalofriante extracto del libro del escritor polaco Tadeusz Borowski, superviviente de Auschwitz, llamado "World of stone/Mundo de piedra" en donde narra una jugada mientras se encontraba jugando al fútbol: "La pelota pasó de un pie a otro, y se fue muy cerca de la portería, peleé por ella, pero se fue a la esquina. Cuando fui a buscarla y conseguí cogerla me quedé helado: la rampa estaba vacía...Volví con el balón y lo dejé en la esquina. A mis espaldas estaban siendo gaseadas tres mil personas".

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